Bienestar animal: mucho más que comida, agua y un techo
Cuando hablamos de bienestar animal, muchas veces pensamos en cubrir las necesidades más evidentes: que nuestro perro tenga comida, agua, un lugar donde dormir, atención veterinaria y, por supuesto, cariño.
Todo eso es imprescindible. Pero el bienestar de un perro va bastante más allá.
Un perro puede estar perfectamente alimentado, dormir en el sofá y tener una colección de juguetes que ocupe medio salón… y aun así no disfrutar de un buen bienestar.
¿Qué significa realmente bienestar animal?
Hablar de bienestar significa preguntarnos cómo está viviendo ese animal, no solamente cómo lo estamos cuidando nosotros.
Implica atender sus necesidades físicas, pero también sus necesidades emocionales, sociales y propias de su especie.
Un perro necesita seguridad, descanso, ejercicio adecuado, relaciones sociales, oportunidades para explorar, olfatear, tomar pequeñas decisiones y realizar comportamientos naturales.
Porque nuestros perros viven en nuestro mundo, pero siguen siendo perros.
Y eso parece una obviedad hasta que observamos el día a día.
Les pedimos que no huelan demasiado durante el paseo, que no se manchen, que no ladren, que no corran, que no se revuelquen, que no investiguen, que no se relacionen con determinados estímulos y que permanezcan tranquilos durante muchas horas.
En ocasiones queremos perros perfectamente adaptados a nuestra vida sin preguntarnos cuánto espacio estamos dejando para que ellos puedan vivir la suya.
Bienestar no significa hacer todo lo que el perro quiera
Este punto es importante.
Respetar a un perro no significa vivir sin normas ni límites.
La convivencia necesita estructura. Nuestros perros tienen que aprender a desenvolverse en una sociedad humana y nosotros somos responsables de proporcionarles seguridad y enseñarles qué comportamientos son adecuados en cada situación.
Podemos poner límites sin utilizar miedo, intimidación o castigos innecesarios.
De hecho, unas normas claras y coherentes pueden proporcionar seguridad.
La diferencia está en cómo enseñamos esas normas.
No buscamos un perro que haga las cosas porque teme equivocarse, sino un perro que comprenda progresivamente qué esperamos de él y pueda convivir con nosotros con confianza.
El paseo también es bienestar
Salir a la calle no debería consistir únicamente en hacer pis, hacer caca y volver a casa.
Para un perro, el paseo es una enorme fuente de información.
Olfatear una esquina puede parecernos una pérdida de tiempo, pero para él es una actividad importante. A través del olfato obtiene información del entorno, de otros perros y de todo lo que ha ocurrido antes de que llegáramos.
Por eso no todos los paseos necesitan convertirse en kilómetros recorridos.
A veces un paseo tranquilo, con tiempo para investigar y olfatear, puede aportar muchísimo más que caminar deprisa durante una hora.
También debemos adaptar el paseo al individuo.
Un cachorro, un perro adolescente, un adulto activo, un perro senior o un perro con miedo no necesitan exactamente lo mismo.
Bienestar también significa observar al perro que tenemos delante.
Descansar también cuenta
Existe cierta tendencia a pensar que cuanto más hagamos con nuestro perro, mejor.
Paseos, juegos, pelota, excursiones, entrenamiento, parque, actividades de olfato…
Pero descansar es una necesidad fundamental.
Un perro necesita disponer de lugares donde pueda dormir y relajarse sin ser molestado constantemente.
Y sí, esto incluye explicar a los niños de la familia que cuando el perro está descansando no es el momento ideal para abrazarlo, despertarlo o utilizarlo como almohada.
El respeto también se demuestra dejando al perro tranquilo.
Poder elegir pequeñas cosas
Evidentemente nuestros perros no pueden decidirlo todo.
No pueden elegir cruzar una carretera cuando quieran ni decidir que hoy van a perseguir bicicletas porque les parece entretenidísimo.
Pero dentro de una convivencia segura podemos ofrecer pequeñas posibilidades de elección.
Elegir dónde tumbarse, detenerse unos segundos a investigar un olor, escoger entre dos caminos durante un paseo o decidir si quiere interactuar con una persona.
Dar cierto control sobre su entorno puede ayudar a que el perro se sienta más seguro.
No necesitamos controlar absolutamente cada segundo de su vida.
Cada perro necesita cosas diferentes
No existe una receta universal del bienestar.
Hay perros que disfrutan relacionándose con otros perros y otros que prefieren mantener distancia.
Algunos adoran conocer personas nuevas y otros necesitan tiempo.
Un Border Collie no necesariamente tendrá las mismas necesidades que un Bulldog, pero tampoco dos Border Collies tienen por qué ser iguales.
La raza influye, la genética influye, las experiencias anteriores influyen y la personalidad individual también.
Por eso observar es una de nuestras herramientas más importantes.
Bienestar también es escuchar lo que nos está diciendo
Los perros se comunican constantemente.
Apartar la cabeza, alejarse, lamerse el hocico, cambiar la postura corporal, quedarse inmóvil, buscar distancia o gruñir son formas de comunicación.
El gruñido, por ejemplo, no convierte automáticamente a un perro en «malo» o «dominante».
Nos está proporcionando información.
Si aprendemos a reconocer las señales anteriores, muchas veces podremos intervenir antes de que el perro necesite aumentar la intensidad de su comunicación.
Respetar esa comunicación forma parte del bienestar.
No necesitamos perros perfectos
Quizás una de las mejores cosas que podemos hacer por nuestros perros sea abandonar la idea del perro perfecto.
El perro que nunca tira, nunca ladra, nunca se asusta, nunca se excita, nunca se enfada, adora a todos los perros, permite que cualquiera lo toque y responde inmediatamente a cualquier petición.
Los perros son individuos, no máquinas programadas para comportarse correctamente durante las 24 horas.
Educar es importante.
Pero también lo es comprender.
El verdadero bienestar aparece cuando conseguimos encontrar un equilibrio entre sus necesidades como perro y las necesidades de nuestra convivencia como familia.
Y quizá la pregunta más interesante no sea: «¿Mi perro se porta bien?»
Sino: «¿Mi perro está bien?»
¿Y qué dice la ley sobre el bienestar animal?
En España, la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, refuerza legalmente muchas de estas ideas. La norma parte de que los animales deben ser tratados conforme a su condición de seres sintientes y establece obligaciones concretas para quienes convivimos con animales de compañía.
Entre ellas se encuentra mantenerlos en condiciones de vida dignas que garanticen su bienestar y un desarrollo saludable, proporcionarles los cuidados sanitarios necesarios, mantenerlos identificados y ejercer sobre ellos una vigilancia adecuada.
Hay un punto especialmente importante para quienes trabajamos desde la educación respetuosa: el artículo 24 establece que los animales deben ser educados y manejados con métodos que no provoquen sufrimiento o maltrato ni les causen estados de ansiedad o miedo.
La ley también obliga, siempre que sea posible por la especie, a mantener a los animales de compañía integrados en el núcleo familiar y prohíbe mantener de forma habitual a perros y gatos en terrazas, balcones, azoteas, trasteros, sótanos, patios y espacios similares o en vehículos.
Además, un perro no puede permanecer sin supervisión durante más de 24 horas consecutivas, y está prohibido dejar animales solos dentro de vehículos cerrados cuando las condiciones puedan poner en peligro su vida.
También se prohíben herramientas de manejo que puedan causar lesiones al animal, señalando expresamente los collares eléctricos, de impulsos, de castigo o de ahogo.
En el caso concreto de los perros, la ley contempla además un curso de formación para las personas titulares y un seguro de responsabilidad civil durante toda la vida del animal, cuyo desarrollo y condiciones dependen de la regulación correspondiente.
Es decir, el bienestar animal ya no puede entenderse únicamente como una cuestión de sensibilidad personal. También existe una responsabilidad legal.
Pero quizá lo más interesante es que la propia ley nos invita a cambiar la mirada: no basta con evitar el maltrato evidente. Hay que proporcionar unas condiciones de vida compatibles con las necesidades del animal.
Y ahí volvemos al principio de este artículo: bienestar no es simplemente que nuestro perro tenga comida, agua y techo. Es procurar que pueda vivir como perro, dentro de nuestra familia y de nuestra sociedad, con seguridad, respeto y calidad de vida.
Referencia legal: Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales (BOE núm. 75, de 29 de marzo de 2023).




