Mitos caninos que seguimos creyendo (y que los perros no firmaron)

Mitos caninos que seguimos creyendo (y que los perros no firmaron)

Vivimos con perros, les queremos, les hablamos, y aun así seguimos creyendo algunas cosas sobre ellos… bastante curiosas n.

Vamos a repasar algunos mitos caninos muy comunes, en tono cercano, con humor, y sin echarle la bronca a nadie.

Antes de empezar, algo clave

Los perros hacen lo que hacen porque viven en su mundo de perros, no en el nuestro.

Muchas situaciones sociales humanas (no hablar con alguien, llegar tarde, estar enfadados sin motivo aparente, normas implícitas) no tienen sentido para ellos.

No es falta de respeto. Es diferencia de especie.

“Lo hace por fastidiar”

No. Tu perro no se despierta pensando: “Hoy voy a arruinarle el día a mi humana”.

Los perros hacen lo que hacen porque:

  • no entienden la situación humana
  • no pueden responder mejor todavía
  • o nadie se lo ha enseñado de forma clara

“Si quisiera, lo haría”

Ojalá fuera tan fácil. Pero querer no siempre es poder.

La emoción, el entorno y la experiencia pesan mucho más que la intención.

“Ignorarlo lo hace más independiente”

Ignorar no educa. Desconecta.

La independencia sana se construye desde la seguridad, no desde la ausencia.

“Sabe que ha hecho algo mal”

No. Lo que sabe es que tu cara ha cambiado.

Los perros leen emociones de diez, pero no comprenden normas sociales humanas complejas ni hacen juicios morales sobre el pasado.

“Es dominante”

En la mayoría de casos, no es dominancia. Es estrés, confusión o dificultad para adaptarse a nuestro mundo humano.

“Si no pongo mano dura, se me sube a la chepa”

Poner límites no es gritar, ni imponerse, ni ganar una batalla.

Es traducir nuestro mundo humano a algo que el perro pueda entender.

“Todos los perros deberían comportarse igual”

Cada perro interpreta el mundo desde su propia experiencia. Y ningún perro entiende las normas humanas de la misma manera que otro.

Soltar mitos mejora la convivencia

Cuantos más mitos dejamos atrás, más fácil es ponernos en la piel (o en las patas) del perro.

Menos enfado. Más traducción entre especies. Más vínculo.

Y curiosamente, cuando entendemos su mundo, convivir en el nuestro se vuelve mucho más sencillo.

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