Educación respetuosa no es permisividad
Una de las frases que más escucho es: “Vale, yo quiero educar con respeto, pero no quiero que mi perro haga lo que le dé la gana”.
Y es normal pensarlo. Durante mucho tiempo nos han hecho creer que solo hay dos opciones: o eres muy estricto, o eres permisivo.
La realidad es que la educación respetuosa no va de dejar hacer, va de enseñar y acompañar.
La permisividad aparece cuando no hay normas claras, los límites cambian según el día y el perro no entiende qué se espera de él. Esto no genera perros tranquilos. Genera perros inseguros, confundidos o desbordados.
La educación respetuosa propone normas claras y coherentes, límites justos y comprensibles, acompañamiento emocional y aprendizaje progresivo, sin castigos.
No se trata de prohibir por prohibir, ni de decir que sí a todo, sino de ayudar al perro a desenvolverse en nuestro mundo.
Poner límites también es cuidar. Un límite bien puesto reduce el estrés, da seguridad y mejora la convivencia.
No educamos conductas, educamos perros. Cada perro es distinto, cada familia es distinta y cada proceso necesita su tiempo. La educación respetuosa no busca perros perfectos, busca perros que puedan vivir tranquilos, comprendidos y seguros.




