Humanizar no es respetar (aunque lo hagamos con todo el amor)

Humanizar no es respetar (aunque lo hagamos con todo el amor)

Humanizar a un perro suele partir de una intención preciosa: quererlo mucho. Cuidarlo, mimarlo y hacerlo parte de nuestra vida. El problema no es el amor, el problema es cuando ese amor se traduce en mirarlo como si fuera una persona pequeña con pelo y cuatro patas.

Respetar a un perro no es tratarlo como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Es entender que no comparte nuestra especie, ni nuestra forma de pensar, ni nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

Muchas veces decimos que un perro es bueno porque aguanta. Aguanta caricias, aguanta brazos, aguanta ruidos, aguanta visitas, aguanta niños encima, aguanta situaciones que no ha elegido. Y eso no es bienestar, es tolerancia forzada.

Humanizar es pedirle al perro cosas muy humanas: paciencia infinita, autocontrol constante, capacidad de comprender normas sociales que no tienen sentido para él. Y cuando no puede con todo eso, decimos que tiene un problema.

Respetar es justo lo contrario. Es preguntarnos si esa situación es cómoda para el perro. Si tiene opción de irse. Si sus señales están siendo escuchadas o si las estamos pasando por alto porque ‘no pasa nada’.

Un perro que gira la cabeza, se tensa o intenta alejarse no está siendo dramático. Está comunicando. Y cuando esas señales se ignoran una y otra vez, el perro aprende que hablar bajito no sirve.

En convivencia, humanizar suele generar más conflicto del que evita. Porque obliga al perro a adaptarse constantemente, mientras nosotros cambiamos poco o nada.

Respetar implica ajustar el entorno, las interacciones y también nuestras expectativas. Aceptar que un perro puede no querer saludar, no disfrutar del contacto físico o necesitar distancia para sentirse seguro.

Cuando dejamos de humanizar y empezamos a respetar, pasan cosas interesantes. Los perros se relajan más, se comunican mejor y la convivencia se vuelve más sencilla.

Respetar no es querer menos. Es querer mejor. Y, aunque a veces duela un poco al ego humano, suele ser el mayor acto de amor que podemos ofrecer.

Comparte este artículo

Kinikós
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.